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Del carro al aula: la Escuela de Formación Urbano Ambiental para cartoneros

 La Escuela de Formación Urbano Ambiental eleva al movimiento cartonero, dignifica su trabajo y abre un nuevo capítulo en la justicia social y ambiental.





Una escuela que cambia la historia del reciclado

¿Puede una escuela transformar la vida de miles de cartoneros y al mismo tiempo el futuro ambiental de una ciudad? El lanzamiento de la Escuela de Formación Urbano Ambiental para Recuperadores responde que sí. Este proyecto une la experiencia callejera con la universidad pública, en un gesto épico que dignifica un oficio que durante años fue invisibilizado.


Macri, la persecución y el prejuicio estético

En tiempos recientes, el gobierno del primo Macri en la Ciudad intentó multar a los cartoneros, les quitó el transporte gratuito y prohibió los carros con el argumento de que eran “antiestéticos”. En lugar de reconocer un servicio ambiental esencial, se prefirió ocultar la pobreza y perseguir a quienes con su trabajo reducían la basura y fortalecían la economía circular.


Un nuevo nivel de inclusión y reconocimiento

La Escuela de Formación marca el contrapunto de esa lógica de exclusión. Aquí no se persigue ni se castiga: se reconoce y se certifica. Cada clase brinda herramientas técnicas y sociales que mejoran el trabajo en los Centros Verdes, fortalecen a las cooperativas y colocan al movimiento cartonero en un nuevo nivel de profesionalización y dignidad.


Importancia para el sistema y la sociedad

El impacto de esta escuela va más allá de los cartoneros. Fortalece el sistema de gestión integral de residuos, mejora la calidad de los materiales recuperados y amplía los horizontes de la economía circular. Para las cooperativas, significa organización y derechos. Para la sociedad, demuestra que el cuidado del ambiente puede ir de la mano con la justicia social.


Conclusión: donde algunos recortan, otros construyen

Mientras algunos gobiernos intentan recortar derechos y estigmatizar a los más humildes, el movimiento cartonero junto con la UBA, la Federación de Recicladores, la UTEP, la CTA, ATE y la Fundación Germán Abdala construyen futuro. Esta escuela es más que una capacitación: es un acto de resistencia, de esperanza y de compromiso con un país más justo, inclusivo y ambientalmente responsable.

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