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De la motosierra a la dignidad: el pueblo recupera la rebeldía


Durante los últimos años, la rebeldía tuvo un dueño inesperado. Fue la derecha la que logró apropiarse del imaginario de la transgresión, de la lucha contra "el régimen", de la identidad de quienes se plantan contra el poder. Como caracterizó un grupo de intelectuales, la derecha radical de Milei y sus seguidores emergió como una fuerza que canalizó la indignación de las y los jóvenes, especialmente después de la pandemia, cuando el encierro obligatorio y la crisis económica generaron un hastío profundo con el gobierno de Alberto y Cristina. En ese momento, el poder estaba del lado del Estado y la rebeldía fue apropiada por quienes lo desafiaban. Así, se consolidó una derecha que se presentaba como antisistema, que convocaba a "tirar todo abajo", que prometía dinamitarlo todo en nombre de una nueva libertad.

Pero la historia no se congela. Las jornadas de protesta del miércoles 12 y luego el 19 de marzo 2025 en defensa de las y los jubilados parecen marcar un punto de inflexión. No fueron simplemente marchas. Tampoco fueron actos organizados por una estructura tradicional. Lo que se vio en la calle fue otra cosa: una protesta que brotó desde abajo, sin los grandes aparatos, sin el control de ninguna dirigencia centralizada. Lo más inesperado de estas jornadas fue el papel de las hinchadas de fútbol. Desde las tribunas, desde la identidad barrial y popular, fueron quienes iniciaron la convocatoria, quienes marcaron el pulso de la protesta y llevaron la bronca a las calles. En la historia argentina, los clubes han sido espacios de identidad, de solidaridad y de construcción comunitaria, pero nunca antes habían tomado un rol tan decisivo en una movilización política espontánea. Que el grito de protesta haya nacido en las canchas es un síntoma claro: el ajuste de Milei golpea incluso en aquellos lugares donde la política tradicional muchas veces no llega.

Después de un año y medio de ajuste brutal, represión y desprecio a todos los sectores sociales —desde las jubilaciones hasta el presupuesto universitario, desde las políticas de género y diversidad hasta la comunidad científica, desde el trabajo no registrado hasta los pequeños comercios— el gobierno de Milei ya no es el outsider que desafía al establishment. Ahora, el poder lo tiene él. Y con el poder, llega la responsabilidad de responder por sus políticas. La motosierra ya no es un símbolo de la revuelta, sino del castigo a las y los de siempre. La épica de la destrucción comienza a mostrar sus límites cuando lo que se destruye es el tejido social. Se comienza a entender que no hay nada más injusto que el abandono de quienes lo dieron todo.
Lo que vimos estos días en las calles es el germen de otro cambio. La rebeldía empieza a volver a donde siempre perteneció: al pueblo. No es un simple giro discursivo, sino una transformación profunda de la percepción colectiva. Defender a las y los jubilados, resistir la injusticia, pelear por lo propio ya no es "defender un régimen", sino rebelarse contra un gobierno que quiere barrer con derechos históricos.

Lo cierto es que, cuando la historia se mueve, lo hace con su propia lógica. Y si algo ha demostrado el pueblo argentino es que, cuando la injusticia avanza demasiado, siempre encuentra la forma de volver a la lucha.

El Cordobés.


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