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♻️ El circuito del plástico reciclado: entre residuos, actores y desafíos

 




El reciclaje de plásticos en Buenos Aires es mucho más que una técnica. Es un sistema desigual, vivo y en tensión, sostenido por recuperadores y cooperativas invisibilizadas.


🛍️ ¿Qué pasa con el plástico cuando deja de ser basura?

El reciclaje de plásticos en la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA) no es un proceso limpio, técnico ni ordenado. Es una trama urbana compleja, atravesada por actores invisibles, tensiones económicas y contradicciones sociales.

Desde las calles hasta las industrias exportadoras, este circuito revela una economía circular desigual que transforma residuos en recursos... pero también en conflicto.


🧩 De dónde viene el plástico que se recicla

🟢 Dos fuentes principales:

  1. Scrap industrial: residuos limpios generados en fábricas durante la producción (recortes, rebabas, productos defectuosos). Valorizados por su calidad y facilidad de transformación. Suelen circular por dentro de las propias industrias.

  2. Plástico post-consumo: botellas, bandejas, bolsas y envases recolectados en la calle o en los hogares. Acá aparecen los recuperadores urbanos, que enfrentan los desafíos más duros: materiales sucios, mezclados y de bajo valor.

🛠️ Este trabajo popular es la puerta de entrada a un sistema que requiere limpieza, secado y clasificación antes de poder ser procesado.


🏙️ Acopio y procesamiento: entre cooperativas y fábricas

Tras la recolección, el plástico se acopia en depósitos —a veces informales, otras veces gestionados por cooperativas— donde se prensa y se vende a plantas recicladoras.

Las etapas del procesamiento:

  • Molienda

  • Lavado

  • Secado

  • Extrusión

De allí surge un producto intermedio (pellets o escamas) que alimenta industrias como:

  • Automotriz

  • Textil

  • Cosmética

  • Alimenticia

  • Construcción

💡 El PET se exporta en un 80–90%, sobre todo a China.
Otros como el polietileno de alta densidad (PEAD) y el polipropileno (PP) tienen fuerte mercado interno.


📉 Concentración, informalidad y desigualdades

Aunque el circuito es dinámico, está altamente concentrado:

  • El 87% del PEAD lo procesan solo 3 empresas.

  • El 98% del PP, apenas 2.

Mientras tanto, cooperativas y PyMEs procesan volúmenes pequeños, enfrentando:

  • Falta de financiamiento

  • Precios inestables

  • Obstáculos normativos

  • Dificultades para abastecerse

¿Qué se hace con estos plásticos?

  • PEAD: lavandina, leche, macetas, baldes, juguetes, bolsas de residuos

  • PP: tapitas, envases de alimentos, bandejas, autopartes, jeringas, textiles

La brecha tecnológica entre grandes empresas y recicladores de base marca una estructura desigual dentro del sistema.


🏛️ Un Estado ausente (o mal orientado)

La ausencia de políticas públicas integrales es uno de los grandes problemas del sector:

  • No hay incentivos ni créditos para recicladores

  • No se promueve la separación en origen

  • No se reconoce formalmente el trabajo de las cooperativas

Incluso cuando se legisla, como con la prohibición de bolsas de PEAD, se hace sin evaluar el impacto social sobre quienes viven del reciclaje.

⚠️ Las cámaras empresariales impulsan estándares y programas, pero orientados a la eficiencia, no a la inclusión.


🏘️ Conflictos con el entorno urbano

Muchas plantas recicladoras operan en zonas no habilitadas para uso industrial. Esto genera:

  • Quejas vecinales por ruidos y tránsito

  • Lavado de residuos sin controles (como bidones de agroquímicos)

  • Riesgo ambiental y falta de planificación urbana

La falta de zonificación específica limita el crecimiento del reciclaje urbano con criterios de justicia ambiental.


🔄 Un sistema que funciona... pero no del todo

A pesar de todo, el circuito del plástico en la RMBA procesa más de 338.000 toneladas por año.

Funciona porque lo sostienen cooperativas, cartoneros, pymes y fábricas. Pero lo hace en tensión:
entre lo formal y lo informal, entre la industria y la calle, entre el residuo y el recurso.


✅ Conclusión: reciclar también es incluir

Fomentar el reciclaje no alcanza si no se protege a quienes lo hacen posible. Prohibir bolsas no sirve si no hay un sistema de gestión justo. No se puede hablar de economía circular sin hablar de inclusión.

El plástico reciclado también contiene trabajo humano, organización comunitaria, informalidad, saberes populares. Es tiempo de que el Estado lo entienda así y actúe en consecuencia.

Porque lo que más necesitamos reciclar es la mirada con la que vemos el residuo.

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