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Las primeras cooperativas de recicladores en América Latina: una historia desde el margen

 

Un recorrido por las primeras cooperativas de recicladores urbanos en América Latina. Historia, política y dignidad desde el cartón y el descarte.




Los datos de este artículo están basados en el libro Recicloscopio III: Hacia una articulación global de recuperadores urbanos, un trabajo clave para comprender la historia y proyección del movimiento cartonero en América Latina.


¿Cuándo nació el reciclaje como práctica organizada en América Latina?

La pregunta no es retórica. Muchas veces se cree que el reciclaje popular comenzó con las crisis económicas recientes. Pero la historia dice otra cosa: los recicladores urbanos, también llamados cartoneros o clasificadores, vienen organizándose desde hace más de 60 años en distintas ciudades del continente.

Estas organizaciones, nacidas al margen del Estado y del mercado formal, son mucho más que estructuras laborales. Son expresiones de resistencia, dignidad y comunidad construida desde abajo. Las cooperativas no sólo organizan el trabajo con residuos: también son espacios de politización, contención, autogestión y lucha por el reconocimiento.


Primeras experiencias: una genealogía del trabajo con residuos

Desde Medellín hasta Montevideo, pasando por San Pablo, Bogotá y Buenos Aires, la historia del reciclaje urbano en América Latina está marcada por la capacidad de los sectores populares de organizarse en condiciones adversas. Estas son algunas de las primeras cooperativas:

AñoLugarNombre de la cooperativa
1962Medellín, ColombiaCooperativa Antioqueña de Recolectores de Subproductos
1980Cochabamba, BoliviaAsociación de Recicladores de Cochabamba
1983Cuenca, EcuadorCorporación ARUC
1989San Pablo, BrasilCooperativa COOPAMARE
1990Bogotá, ColombiaAsociación de Recicladores de Bogotá (ARB)
1991Asunción, ParaguayAsotravermu / Cocigapar
1993Colombia (varias regiones)Asociación Nacional de Recicladores de Colombia (ANR)
1999–2000Buenos Aires, ArgentinaCooperativas El Ceibo, Reconquista, El Orejano, RENASER
2005Montevideo, UruguayCooperativa Juan Cacharpa
2006–2007Montevideo, UruguayCooperativas Viejo Jorge, Independencia de la Mujer, La Lucha, Bañados, Nuestro Sueño (actualmente inactiva)

Cooperativas cartoneras: más que trabajo, comunidad organizada

Estas experiencias nos muestran algo esencial: el reciclaje no nace como política pública, sino como necesidad popular. Fue recién con el paso del tiempo, y a partir de la presión organizada de los propios cartoneros, que comenzaron a generarse políticas de reconocimiento. Sin embargo, aún hoy persisten las tensiones entre el reconocimiento institucional y la autonomía de estas organizaciones.

Las cooperativas son respuestas colectivas ante la exclusión. No sólo generan empleo, también crean redes solidarias, recuperan el valor del trabajo y reivindican un vínculo distinto con la basura. En tiempos donde lo descartado suele volverse invisible, los recicladores afirman, con cada carro, que ningún resto es inútil si se lo mira con otra lógica.


¿Qué nos dice esta historia sobre el presente?

Hoy, en plena era del colapso ambiental y la desigualdad estructural, repensar el rol de las cooperativas de recicladores se vuelve urgente. ¿Qué podemos aprender de su historia para construir políticas públicas más justas, inclusivas y sostenibles? ¿Cómo evitar que la "inclusión" termine funcionando como control y vaciamiento?

Entender que el reciclaje no es solo una cuestión técnica, sino política y cultural, es un primer paso. Estas organizaciones no son solo prestadoras de un servicio ambiental: son actores sociales con voz, historia y derecho a incidir en el diseño del sistema de gestión de residuos.


Recuperar la memoria para fortalecer el presente

Mirar el origen de las primeras cooperativas cartoneras es también un ejercicio de recuperación de memoria. Nos obliga a salir del presentismo neoliberal, que todo lo mide en función de la eficiencia y la rentabilidad, y nos recuerda que hubo –y hay– otras formas de construir comunidad, valor y futuro.

Frente a modelos extractivistas y privatistas de gestión de residuos, las cooperativas plantean otro horizonte: el de una economía popular con protagonismo, enraizada en los territorios y con capacidad de disputa.


Preguntas para seguir pensando

  • ¿Qué otras experiencias similares permanecen invisibilizadas?

  • ¿Qué políticas podrían consolidar a las cooperativas como actores estratégicos en la economía circular?

  • ¿Qué aprendizajes del pasado pueden ayudarnos a enfrentar las nuevas formas de exclusión?


Conclusión: No se trata sólo de mirar el pasado con nostalgia, sino de aprender de él para construir alternativas reales. Las primeras cooperativas de recicladores en América Latina nos muestran que desde el margen también se piensa, se organiza y se crea futuro.

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