¿Estamos transformando nuestra relación con la basura o profundizando su destrucción?
Introducción: ¿Qué hacemos realmente con nuestros residuos?
Cada día, toneladas de basura desaparecen de nuestra vista. Pero ¿alguna vez nos preguntamos si realmente desaparecen? ¿O simplemente cambiamos su forma para no ver el problema?
La disputa entre reciclaje e incineración no es una cuestión técnica menor: pone en juego nuestra forma de producir, consumir y habitar el mundo.
Y, como toda gran elección, define quiénes pagarán los costos ambientales, sociales y económicos.
En este artículo, exploramos el fondo de una polémica actual que atraviesa a Buenos Aires, pero también al planeta entero.
El problema de los residuos: una herida abierta en nuestra civilización
La generación de residuos en la economía extractiva contemporánea es brutal. Solo en Argentina, producimos 1,4 kilogramos de residuos sólidos urbanos (RSU) por persona por día.
De ellos, el 65 % se entierra en rellenos sanitarios, el 35 % termina en más de 5.000 basurales a cielo abierto, y el 40 % corresponde a envases posconsumo.
Mientras tanto, el 15 % de las emisiones de gases de efecto invernadero proviene directamente de la gestión inadecuada de residuos.
El sistema actual en CABA, basado casi exclusivamente en el enterramiento en el CEAMSE, absorbe el 80 % del presupuesto destinado a residuos. Y aunque se han impulsado iniciativas de reciclaje y compostaje, su financiación sigue siendo marginal frente a la enorme inversión en enterrar basura.
Incineración: la promesa de modernidad que esconde viejos errores
En 2024, nuevas voces en el gobierno porteño relanzaron el plan de Waste to Energy, proponiendo la quema de residuos como solución “moderna” para la disposición final.
Aunque maquilladas con nombres como gasificación, pirólisis o arco de plasma, estas tecnologías repiten una misma lógica:
destruir recursos valiosos en lugar de repensar los sistemas de producción y consumo que generan los residuos.
La incineración necesita una alimentación permanente de materiales reciclables con alto poder calorífico: plásticos, cartones, papeles. Es decir, compite directamente contra el desarrollo de una economía circular sólida y sustentable.
Además, los impactos ambientales de la incineración —emisión de dioxinas, partículas finas, contaminación atmosférica— han sido documentados en decenas de ciudades del mundo.
Reciclar no es solo recuperar materiales: es cambiar el paradigma
El reciclaje no actúa solo en el último momento de la cadena, sino que obliga a repensar cada fase previa:
diseño de productos, embalajes, sistemas de recolección, consumo y separación en origen.
Mientras la incineración reproduce el esquema lineal de extracción-producción-descarte, el reciclaje impulsa un cambio cultural:
de la lógica de lo descartable a la lógica de la reutilización y la restauración.
Además, el reciclaje genera empleo verde de calidad, impulsa mercados responsables y reduce de manera real la huella ambiental.
No es casualidad que los sectores promotores de la incineración también apunten contra leyes clave como Basura Cero o la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), que buscan hacer responsables a las empresas por los residuos que generan.
Residuos en disputa: más que basura, un espejo de nuestra humanidad
La discusión actual no se trata solo de dónde ponemos la basura.
Es un debate sobre qué tipo de sociedad queremos construir:
¿Una sociedad que niega sus límites quemando todo lo que produce, o una sociedad capaz de asumir sus responsabilidades, transformar su producción y proteger sus bienes comunes?
Las cooperativas de recicladores urbanos, protagonistas invisibilizados de la gestión sustentable en CABA, ya han advertido:
mientras se impulsa la incineración, se vacían lentamente las políticas de reciclado y separación en origen.
Conclusión: residuos en disputa, humanidad en disputa
No debatimos solo sobre residuos: debatimos sobre nuestra forma de habitar el mundo.
Los desechos son la memoria tangible de nuestras decisiones colectivas.
Quemarlos o enterrarlos sin pensar es negarnos a nosotros mismos, a nuestro futuro, a las generaciones que vendrán.
La incineración es el último suspiro de un modelo agotado.
El reciclaje, en cambio, es la puerta hacia una nueva forma de vida más respetuosa con la naturaleza y con nosotros mismos.
Hoy más que nunca, residuos en disputa, humanidad en disputa.

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